Galicia ante la recuperación

octubre 15, 2020

Cuando el 21 de julio los líderes europeos culminaban el acuerdo para el Fondo de Recuperación de la UE se ponía punto y seguido a un vertiginoso trabajo de tres meses entre la Comisión Europea, el Parlamento y el Consejo Europeo. Diez días después, Pedro Sánchez convocaba a las comunidades autónomas para explicarles el alcance del ambicioso Plan de Recuperación de la UE, proceso que culminará con un hecho inédito: la presidenta Von der Leyen, el presidente del Gobierno, sus homólogos de las autonomías y el presidente de la FEMP. Todos los niveles de gobernanza en una misma mesa, ese hecho ya es un éxito.

La dimensión, unos 140.000 millones de euros para España, y la peculiaridad de que se deba comprometer el gasto en menos de tres años para que suponga un verdadero motor de recuperación, hacen necesaria la concurrencia y coordinación de los principales poderes públicos, pues no estamos ante un reparto territorial del tipo “café para todos. “Next Generation EU”, así denominado, se centra en transformaciones reales.

Recientemente, la prestigiosa profesora italo-americana Marianna Mazzucato hacía el mejor resumen del objetivo de este ambicioso plan europeo: “el Fondo de Recuperación de la UE debe servir para empujar en nuestra economía e instituciones lo que los mercados no son capaces de transformar por sí mismos”, poniendo claramente el foco en “ser más verdes y avanzar en lo digital”. Más de un tercio del total deben dedicarse al Pacto Verde Europeo y un cuarto al avance digital, en sintonía con las propuestas del Parlamento Europeo. Esa será la verdadera letra pequeña de las condicionalidades, para España y para cualquier país.

A Galicia le toca también ponerse en marcha, no en vano goza de una alta potencialidad, especialmente en la transición ecológica. En energía, podemos ser potencia en renovables, no sólo en la generación de megavatios, sino en la producción de tecnologías y componentes para surtir la gran demanda existente y futura, ya disponemos de un importante ecosistema empresarial. Como en el sector del automóvil, uno de nuestro motores industriales que se enfrenta a una drástica evolución por la irrupción de la electromovilidad digital. Similar futuro se vislumbra en la construcción naval, donde la próxima introducción de un sistema que tasará las emisiones de CO2 llevará a la substitución progresiva de los motores únicamente alimentados por combustibles fósiles, una revolución en la construcción naval.

En el ámbito de la digitalización, Galicia cuenta con alguna empresa líder a nivel mundial, pero aún caminamos lentos. El confinamiento nos ha mostrado que podemos ir más rápido, la transformación digital no es sólo dotarse de redes o dispositivos, se trata de avanzar varios pasos más transformando todos los campos de la actividad económica privada y pública. Hay que apoyar a las empresas, sin olvidar que nuestras administraciones y nuestro sistema educativo, deben ser objetivos prioritarios de esta transformación.

La potencialidad de nuestro sector primario debe materializarse apoyada en una mayor sostenibilidad, alineándose con el Pacto Verde Europeo. Todo el sector ha de comprometerse con la neutralidad climática para 2050 e introducir modelos digitales de gestión. No sólo se trata del Fondo de Recuperación, la próxima PAC vendrá ligada también a estos objetivos.

La Xunta debe actuar con solvencia y no con la pasividad acostumbrada. Por lo tanto, parece obvio reclamarle al presidente Feijóo que tome conciencia de que la Unión Europea y el Gobierno de España nos ponen en las manos instrumentos para un cambio de modelo productivo, no para perseverar en errores. Toda la sociedad gallega debe ser convocada para hacer frente a este desafío. Galicia no se puede permitir perder este tren.

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