El presidente de la European Data Centre Association —EUDCA—, Lex Coors, ha venido a decir que Europa necesita más centros de datos, con más emisiones, para ejecutar modelos estadounidenses de inteligencia artificial. Es decir: más infraestructura en suelo europeo para que los modelos de IA norteamericanos funcionen aquí, pero bajo un marco en el que el Gobierno de Estados Unidos pueda controlarlos e incluso cortar el acceso cuando quiera.
Para hacer posible ese modelo, Europa tendría que quemar un gas que no tiene. Eso significa importar más gas, previsiblemente también desde Estados Unidos, e incrementar la factura energética de la ciudadanía europea y de nuestras industrias. En otras palabras: más dependencia energética, más costes y más vulnerabilidad para Europa.
Lo ha reconocido sin demasiados rodeos: la tecnología de centros de datos que algunos llaman “inteligente” es, en realidad, bastante estúpida cuando se analiza desde el punto de vista del uso de la energía y de las soluciones climáticas. Para que funcione tal y como algunos la plantean, Europa tendría que aumentar sus emisiones, alimentar aún más el calentamiento global y el cambio climático, y poner en riesgo su seguridad energética.
Y aquí entran los unicornios.
No ayuda que la Comisión Europea, en un nuevo ejercicio de creatividad difícil de justificar, haya planteado en la Cloud & AI Development Act (CADA) que la demanda energética de los centros de datos podría triplicarse de aquí a 2030, y que una de las soluciones sugeridas por la comisaria Henna Virkkunen sea cubrir parte de esa demanda con pequeños reactores modulares, los llamados Small Modular Reactors o SMR.
¿Por qué no con unicornios? En 2030 Europa tendrá exactamente los mismos unicornios que SMR disponibles para alimentar centros de datos a gran escala.
La cuestión de fondo es mucho más seria. Antes de desarrollar nuevos centros de datos o de concederles conexión a la red eléctrica para tareas de inferencia de inteligencia artificial, Europa debe tener una prioridad clara: verificar que la capacidad de computación que se produzca en nuestro territorio pueda ser utilizada en Europa y que nadie pueda cortarla desde fuera, como ya ha demostrado que puede hacer el Gobierno de Trump.
Sin esa garantía, no existe ninguna soberanía europea en inteligencia artificial. Tendríamos centros de datos en Europa, sí, pero con el interruptor político y tecnológico en Washington. Eso no es soberanía digital.
En segundo lugar, Europa no puede aceptar que el desarrollo de centros de datos aumente nuestras dependencias energéticas, mine nuestros objetivos de descarbonización o perjudique la salud de la población. La inteligencia artificial no puede convertirse en una excusa para abrir una nueva autopista fósil, importar más gas, elevar los costes de red y trasladar la factura a hogares e industrias.
La pregunta no es si Europa necesita centros de datos. La pregunta es en qué condiciones, para qué modelo tecnológico y con qué garantías energéticas, climáticas y democráticas.
Centros de datos con el interruptor situado en Europa: SÍ
Energía descarbonizada adicional para nuevos centros de datos: SÍ
Costes de red de los nuevos centros de datos asumidos por sus promotores: SÍ.
Lo que no podemos aceptar es que se utilice la transición digital para reforzar viejas dependencias fósiles, ni que se nos venda soberanía tecnológica mientras la capacidad real de decisión sigue en manos de terceros países.
El debate no es solo energético. También es democrático. Como recogía Elena Giordano en POLITICO Europe, y como refleja también el análisis de Martin Wolf en el Financial Times, la ciudadanía del mundo, no solo la europea, mira hacia la Unión Europea como referencia para regular los usos de la inteligencia artificial.
Esa confianza no es un detalle menor. Es una ventaja política, institucional y tecnológica. Europa no puede despreciar su capacidad regulatoria, porque esa capacidad es una de las herramientas que nos diferencian y una de nuestras armas más importantes en la competición tecnológica global. Es estúpido renunciar a ella.

