Es uno de los hilos conductores del movimiento MAGA y sucedáneos: la Ciencia no tiene por qué ser respetada. La evidencia ya no importa. Bien sea en EEUU con el nefasto Robert Kennedy, secretario de Salud atacando las vacunas o con Trump lanzando bulos sobre el ibuprofeno , nos encontramos ante unas opciones políticas que empiezan a causar daños en la Salud Pública de sus administrados. En este caso se trata de Milei.
Con un antivacunas en la Presidencia, Argentina redescubre las muertes infantiles por enfermedades infecciosas debido a la pérdida de la inmunidad de grupo. La prensa argentina recoge un goteo de noticias sobre muertes infantiles por diversas enfermedades infecciosas, entre ellas la tosferina. Son muertes que no deberían ser habituales, pero la cobertura vacunal es la más baja en décadas. El cóctel lo ha preparado el propio gobierno argentino con dos ingredientes en la receta:
La promoción de los movimientos antivacunas y el rechazo a la vacunación como parte de la panoplia populista antisistema, por un lado, y la “motosierra” contra los presupuestos de salud, que se ha cebado con la vacunación, por otro. Dentro de los recortes generales a las partidas sanitarias, Milei ha aplicado recortes especialmente duros a los programas de vacunación: las campañas han cesado y el presupuesto de vacunas se ha reducido entre un 30 % y un 40 %.
La Sociedad Argentina de Pediatría manifiesta su preocupación por la pérdida de la inmunidad de grupo y la caída en las tasas de vacunación en bebés, niños y adolescentes. Desde el virus del papiloma humano hasta la bacteria de la tosferina, numerosas enfermedades infecciosas están aumentando sus tasas de incidencia. En el caso de los bebés, esto se está traduciendo en un goteo de muertes de neonatos.
Con un cóctel formado por recortes y movimientos antivacunas, la extrema derecha enferma a Argentina
Solo hay una forma de describir este panorama: una dantesca inmersión en los infiernos del que fuera uno de los países de Sudamérica con mejores tasas de vacunación, y con un claro culpable: la ultraderecha, que allana el camino para la difusión de propaganda conspiranoica contra las vacunas y sabotea los servicios públicos sanitarios. En Argentina, Milei sacó la motosierra contra el Ministerio de Sanidad; en EE. UU., la difusión del movimiento antivacunas ya está causando graves problemas en el país que, paradójicamente, más invierte en investigación médica del mundo.
La vacuna contra la extrema derecha es el voto
Sin embargo, no debemos caer ni en la resignación de que nuestras sociedades van a empeorar por culpa de la expansión de la extrema derecha, ni en la autocomplacencia de pensar que en Europa eso no va a pasar. Igual que existen vacunas contra las infecciones microbianas, también existe una contra la ultraderecha: movilizarse, votar, reaccionar y contestar. Pero, sobre todo, votar.
El voto es la principal vacuna que tenemos para evitar que la sociedad se vea perjudicada por ideologías que dañan a todos. Se puede y se debe evitar que populistas conspiranoicos tomen el poder y destruyan nuestra sociedad y nuestro modo de vida, porque la extrema derecha no solo amenaza la democracia o nuestro estado del bienestar.
En España tenemos un gobierno que no sigue estos derroteros, no debería ser ni señalable , y lo sabemos porque continúa el avance de las políticas de vacunación: con las vacunas frenamos la COVID, seguimos ampliando la cobertura contra el VPH y estamos erradicando las hospitalizaciones por bronquiolitis en neonatos derivadas del virus respiratorio sincitial. El Ministerio de Sanidad sigue en manos de personas con una perspectiva científica del manejo de la salud, cuya dedicación es hacer efectivo ese derecho.
No obstante, no somos inmunes a la ultraderecha. Ninguna comunidad autónoma está gobernada por ella, pero ya estamos viendo gobiernos autonómicos donde un Partido Popular echado al monte sacrifica cualquier atisbo de racionalidad por el favor de los reaccionarios . De momento, con más consecuencias en las políticas climáticas que en las sanitarias, pero no debemos olvidar que Vox fue uno de los principales frenos a las políticas de vacunación durante el COVID, que por suerte, se enfrentaron a una sociedad española plenamente concienciada con las políticas de vacunación, lo que dejó el “chíp” del Presidente de aquella Universidad murciana en un chiste y no en una tragedia, como en el caso argentino o estadounidense.
En el Parlamento Europeo nos enfrentamos a eurodiputados de extrema derecha que cargan contra la vacunación y proponen su eliminación. Cuando elegimos a nuestros gobiernos regionales, nacionales y a nuestra representación en el Parlamento Europeo, elegimos el tipo de sociedad que queremos. Y si queremos una sociedad que proteja a su bien más preciado, la infancia, la ciudadanía dispone del poder de aplicar una vacuna contra esa amenaza: ir a votar, y votar por opciones que defiendan las vacunas , un sistema sanitario funcional y poner pie en pared contra la ultraderecha.

