Los incentivos a la protección de datos regulatoria siguen en la habitación un año después de que el Parlamento haya tomado posición
Imponer aranceles sería un error, pero Europa tiene que apostar por su propia industria innovadora
En la reforma de la regulación farmacéutica de la UE seguimos con el gran elefante en la habitación de los incentivos para la protección regulatoria (RDPI). Lo vamos cambiando de sitio pero ya hace más de un año que el Parlamento tomó su posición y el Consejo sigue sin acordar porque realmente no es fácil. A punto de acabarse la Presidencia polaca del primer semestre de 2025 poco se ha avanzado, aunque parece que ahora entran las urgencias.
Ya era difícil encontrar un equilibrio que promoviera la innovación farmacéutica, al tiempo que se promocionaba la industria europea y se abordaba la accesibilidad a los medicamentos ante unos desabastecimientos de fármacos que no dejan de producirse con mayor intensidad en unos países que otros. La llegada de Trump con sus amenazas arancelarias ha sacudido también el tablero de esta negociación.
En la propuesta inicial de la ponente del Partido Popular Europeo los cantos de la industria llevaron a una inusitada línea de base para los RDPI de 9 años, aumentando la propuesta de la Comisión que estaba en 6 años. En mi trabajo negociador en el Parlamento yo hubiera preferido mantener la propuesta de la Comisión dando mayores posibilidades de alcanzar una mayor protección regulatoria a aquellas compañías que innovaran en la UE. El compromiso que logramos alcanzar en el Parlamento, cuya negociación se produjo antes de la tormenta comercial, fue establecer la protección de datos regulatoria en 7 años y 6 meses.
Tiene lógica pensar que sí queremos reindustrializar nuestros países, apoyemos más a aquellos que más confían en Europa. Porque recordemos que esos 6 años, 8 o los que se acuerden para la protección regulatoria son para todos los nuevos fármacos, independientemente si se producen en China, USA o la UE. Actualmente, sólo el 20% de los medicamentos aprobados han sido desarrollados en Europa. Esa cifra era muy distinta hace pocas décadas, cuando se afirmaba que Europa era la farmacia mundial.
Con la nueva situación somos cada vez más los que pensamos que el hecho de innovar e incluso producir en la UE debería ser premiado. Considero que los aranceles, a uno y otro lado del Atlántico, a quien más perjudican es a los pacientes europeos y norteamericanos que no deben pagar con su salud los efectos de una guerra comercial. Por lo tanto, ante la amenaza arancelaria de Trump, Europa no debe responder con la misma moneda y sí puede hacerlo implementando una regulación que favorezca la innovación en Europa. Es muy sencillo, si crees en Europa recibes más tiempo de RDPI.
Hasta este momento lo que se percibe, tras el anuncio de varias compañías farmacéuticas líderes es que sucumben a las amenazas de Trump y anuncian nuevas inversiones en USA y eso no debe ser tolerado. Europa debe reaccionar haciendo valer la potencia de su mercado de 450 millones de potenciales pacientes. Quien tenga la tentación de desplazar sus inversiones debe saber que innovar y producir en Europa es más ventajoso en términos regulatorios para acceder al mercado de la UE.
Trump ha amenazado con reducir los precios de las medicinas en EEUU, acusando de que los “sistemas socialistas de salud europeos” han hecho que las medicinas sean más baratas para un paciente europeo que para un estadounidense. Lo primero para un socialdemócrata europeo es degustar esta victoria de nuestro modo de vida que el propio Trump reconoce, nuestra forma de entender el acceso a la salud es más justo, equitativo y eficiente. Pero lo que ha dicho Trump también es a la vez un aviso a navegantes porque lo que anuncia es que el mercado bruto de medicamentos de EEUU, lo que viene a ser el tamaño del pastel, va a menguar haciendo aún más atractivo el mercado europeo.
Europa no va a convertirse en un paladín del proteccionismo comercial a ultranza, pero hay que abandonar la ingenuidad que supone contribuir con nuestro dinero las campañas proteccionistas de otros países para acaparar la inversión europea. El informe Draghi debe ser comprendido y no solo leído, y las políticas europeas no pueden seguir respondiendo a un escenario global que ya no existe.
Por lo tanto, ya es momento de ponerle nombre al elefante del RDPI en la habitación y pasar a la recta final de la negociación de un paquete legislativo que acumula retrasos en su tramitación, sí, pero por la entidad de los asuntos a tratar es indispensable que se hagan prevalecer también los intereses de la sociedad europea por encima de los intereses de una industria en la que las voces que más se oyen son los de compañías globales cuyos centros de intereses están más desplazados hacia el otro lado del Atlántico y no necesariamente las de aquellas empresas que tienen sus centros de innovación y producción en Europa.

