Volveremos a las montañas

diciembre 28, 2020

  Hace un par de semanas , el pasado 11 de diciembre ,se conmemoraba el Día Internacional de las Montañas, y me decidí a escribir este pequeño texto ,para expresar cuánto  añoramos sus cumbres durante esta pandemia. A aquellos y aquellas que nos apasiona pasarnos horas entre bosques,rocas,hielo y nieve se nos está haciendo largo este tiempo en el que el virus nos ha impedido lo que nos gusta: estar allí y ,si se puede ,hollar cumbres.

    La pasión de las montañas,es sin duda una herencia primitiva,en el magnífico libro “Una lección olvidada: viaje por la historia de Europa”su autor, Guillermo Altares, recuerda a Otzi, el europeo más antiguo del cual conservamos su cuerpo, de más de 5.000 años, descubierto en los hielos glaciares entre Austria e Italia. Imagina Altares si ese viejo europeo, seguramente un guerrero, escapaba de algo y esa parece ser la opción más plausible . Pero lo que más llama la atención es que estaba allí, a más de 3000 metros atrapado en el hielo y perfectamente pertrechado para atravesar las cumbres. Ese viejo europeo era un montañero.

   Es cierto, la pasión por la montaña es una afición muy europea. En 1336 Petrarca relataba en una carta ,editada ahora en un diminuto libro su “Ascensión al Mont Ventoux”.Fue el primero en dejar por escrito que había subido a la montaña “porque estaba ahí» ,una explicación de lo más común sobre la pasión montañera. La reacción de Petrarca es similar a la del gran Reinhold Messner cuando se hace a sí mismo esa pregunta . Una respuesta que parte de lo irracional, de pasiones ancestrales , del desafío a la naturaleza, de la exploración de lo desconocido, de la satisfacción de lograr algo que requiere esfuerzo y tenacidad pero que en el fondo no sabemos explicar qué utilidad tiene.

   El francés Lionel Terray , lo explicaba de manera magistral en “Los conquistadores de lo inútil” ¡que gran título!. En sus páginas cuenta en primera persona la historia de pioneros alpinistas desde sus primeros pasos. Junto al autor aparecen varias leyendas francesas de la montaña: el cineasta alpino Gaston Rebuffat, Louis Lachenal o Maurice Herzog.En 1950 ,los dos últimos fueron los primeros hombres en pisar una cima de más de 8000m. Hazaña recogida por el propio Herzog en “Annapurna ,primer ochomil” que dictó durante su convalecencia posterior ,pues los dedos recien amputados le impedían escribirlo. Aquellos franceses iban a la montaña ansiando dominar las cumbres y llegar cada día más arriba como expresión de la “grandeur” , otros como los grandes alpinistas polacos de finales de la era comunista lo vieron como una oportunidad de libertad ,asombrando al mundo por su ruda valentía y respeto por la esencia del deporte de montaña que no es otra que enfrentarse a ella sin grandes artificios, de los que además no disponían. Kukuzcka, Wielicki o la grandísima y desafiante Wanda Rutkiewizc son algunos de sus protagonistas. En “Escaladores de la libertad. La edad de oro del alpinismo polaco”  Bernardette McDonald viaja con detalle por las historias de toda una generación de osados y osadas cargados de valentía sin límites.

  La montaña en todas sus disciplinas requiere de pasión , hasta los que somos simples aficionados soñamos con cumbres y pasamos horas hablando entre nosotros de los días que pudimos disfrutar entre riscos y empinados senderos. Con amistades con las que acostumbras a compartir escapadas  se puede charlar infinidad de veces sin posibilidad de aburrimiento sobre  aventuras comunes ,como en mi caso viajar hasta Aosta y subir por el glaciar del Gran Paradiso  , dormir rodeado de “alpinistas de verdad” en el bello refugio Vittorio Sella ,de la emoción de acostarse en los pirenaicos Oulettes de Gaube durmiendo al raso bajo las estrellas protegidos por la abrupta cara norte del Vignemale , de una estruendosa tormenta de agosto en Goriz de camino al Monte Perdido , de aquel puente en Picos de Europa o simplemente de las muchas veces que subimos cumbres cercanas que ,para gallegos como yo ,son las de los Ancares, Somiedo, el Bierzo o las Ubiñas de Babia . La montaña también es amistad. Escapar excitados y felices como adolescentes que se quedan por primera vez un fin de semana sin sus padres. El italiano Paolo Cognetti recoge como nadie estos sentimientos de fraternidad en libros como “Las ocho montañas” o “Sin llegar nunca a la cumbre”

   Más allá de la experiencias y de las páginas escritas en grandes libros ,muchas de las cimas que soñamos están hoy en peligro. Los glaciares del Macizo del Mont Blanc que por primera vez pude observar en Chamonix a finales del siglo pasado no son los mismos que vi en el verano de 2019. De seguir este camino en España no habrá ningún glaciar permanente a mediados de siglo y así sucederá en los Alpes a finales de la centuria. Pocos hay más conscientes que los montañeros de los cambios en el clima, de cómo la acción humana se está convirtiendo en enemiga de esta pasión. En su libro “Cuadernos de montaña”, que es casi un compendio de historia alpinista, Eduardo Martínez de Pisón nos cuenta como geógrafo,historiador ,montañero y escritor las amenazas que afectan a nuestras cumbres y por lo tanto a todo el planeta. Lo cierto es que debemos hacer más esfuerzos en protegerlas y que más alla del S.XXI otros puedan sentirse maravillados al ver caer el agua que desde la nieves del pirenaico Taillon descienden por la cascada de Gavarnie , espectáculo que hizo que Víctor Hugo describiera aquel paisaje como “el coloso de la naturaleza” en su “Viaje a los Pirineos y los Alpes”.

    Por tanto para festejar a las montañas, además de rememorar las hazañas escritas , conviene recordar que es un deber de todos luchar por conservar su integridad . Más allá del hecho, casi banal, de ser campos de disfrute de muchos aficionados ,son claves para el equilibrio de muchos otros ecosistemas y esenciales para la vida de millones de personas en el planeta a las que proveen de agua y fertilidad . El compromiso con la montaña es también asegurar que avanzamos en un mundo donde nuestras formas de vida se hacen más limpias ,sostenibles y respetuosas con la naturaleza. Fortalezcamos ese compromiso ,mientras tanto prometámonos volver a pisar las montañas en cuanto la pandemia nos lo permita.

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